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Alejandro Magno y el asedio de Tiro



El Asedio de Tiro

En la antigüedad, existieron muchas batallas y hechos bélicos que resultan interesantes debido a la variedad de estrategias: algunas imaginativas, algunas ingeniosas, algunas fraudulentas, algunas astutas. Sin embargo, el asedio de Tiro, sobresale entre todas ellas por la gran voluntad que mostró el personaje protagonista de esta historia: Alejandro Magno.

Tiro, una de las más poderosas ciudades del mundo antigüo, con fama de ciudad inconquistable, de fortaleza inexpugnable, vió la tragedia venir al enterarse que Alejandro Magno había decidido conquistar el suroeste del imperio persa (la costa mediterránea) para dejar su espalda segura antes de asestar el golpe de muerte al imperio.


Cruce de caminos

Después de derrotar al rey Darío en Issos, Alejandro Magno se encuentra con dos caminos: uno es asestar de una vez y con todas sus fuerzas, el golpe definitivo al corazón del imperio antes de que Darío pueda juntar un gran ejército para defenderse juntando lentamente tropas de su extenso imperio, otro es arrebatarle al rey Darío, ahora que es débil, todos sus territorios de la costa mediterránea y proseguir la marcha con la espalda segura.

Alejandro se asegura las espaldas

Alejandro se decide por asegurarse la espalda y comienza a conquistar cada una de las ciudades costeras hasta que al llegar a Tiro, es contrariado por una decidida resistencia.

Tiro se rehusa a aceptar el dominio Macedonio

Tiro, al enterarse de las intenciones de Alejandro y segura de su posición como ciudad inexpugnable, decide resistir el embate del ejército macedonio, lidereado por Alejandro. La situación de la ciudad era de relativa ventaja: Tiro poseía muros de 45 metros de alto, puestos allí donde el mar comenzaba, además poseía 2 puertos que no podrían ser tomados sin una gran flota, cosa de la cuál, Alejandro carecía. De esta manera, un asalto marítimo no serviría, al igual que un asedio por hambre.

El asedio de Tiro se caracterizó por la variedad de formas de ataque y defensa que tomaron ambos bandos en los que demostraron una fuerte voluntad de ganar la contienda, sin embargo, Alejandro Magno se hizo con la victoria no sin modificaciones en su plan inicial.

Guerra de ideas

Al observar la situación, Alejandro se da cuenta que la única manera es ejecutar un asedio por tierra, de la cuál carece, pero no por mucho tiempo. Siendo que tiro estaba relativamente cerca de la costa, Alejandro Magno inicia la construcción de un gran dique, que conectará a Tiro con la costa, abriendo el paso para que el ejército Macedonio conquiste la ciudad. Un ejército de zapadores es reclutado a la fuerza para la construcción del dique, clavando en el agua grandes estacas y troncos que rellenaban con piedras y tierra. A lo que Tiro respondió con maquinaria que lanzaba enormes piedras contra la construcción, así como embarcaciones que lanzaban flechas contra los zapadores. Alejandro respondió entonces con grandes mantas de tela y piedra para protejer a sus trabajadores y, a su vez, colocaron en el extremo del dique dos grandes torres de madera con maquinaria de asedio, que avanzaba con la construcción.

Ante la desgracia de ver que sus estrategias para impedir la toma de la ciudad fracasaban, los habitantes de Tiro, se juegan la suerte al abrigo de una de las más temidas tácticas: el ataque inesperado. Cuando el viento les es favorable, los fenicios lanzan un barco cargado con pez y asufre contra la construcción macedonia, la cuál comienza a incendiarse y el fuego a propagarse, gracias a los trirremes que comenzaron a lanzar material incendiario sobre ella. Mientras tanto, grupos de soldados desembarcaban y mataban trabajadores en puntos estratégicos para extender el fuego, aprovechando la confusión del asalto. Así, para colmo, después del asalto de los tirios, un fuerte temporal acabó con lo que quedaba del dique macedonio.

Alejandro Magno toma una decisión inquebrantable

En este momento, Alejandro al ver destruído el resultado de meses de trabajo, decide continuar en su tarea y quizás nunca estuvo en su mente lo contrario. Es ésta una muestra de una de las facetas más poderosas de su personalidad: toda aquella gran empresa que se propone, no la abandona hasta terminarla. Otro ejemplo, se tiene en la persecusión del rey Darío hasta las regiones más orientales del imperio persa. Inmediatamente después de la catástrofe, Alejandro Magno comienza la construcción de otro dique, esta vez más al norte, más protegido de los vientos donde lo refuerza con estacas más grandes, y piedras en lugar de tierra de relleno. Más grande y esta vez con torres fijas cada pocos metros cargadas con catapultas y arqueros.

En una rutinaria salida de la flota Tiria, se encuentra con buques enemigos que se asoman en la distancia. Alarmada pero confiada en el poder de su propia flota, Tiro decide enfrentarse a la amenaza pero cambia de idea cuando se da cuenta del enorme número de embarcaciones enemigas que tiene que enfrentar y termina refugiándose nuevamente en el puerto. Alejandro había forzado a las poblaciones cercanas a unirse a su batalla y presentar sus fuerzas contra Tiro.

Los ciudadanos de Tiro veían aterrorizados como la construcción del dique avanzaba cada día, con las enormes armas de asedio colocadas en torres de asalto que avanzaban junto con el dique hacia una tragedia en la isla.

Sin embargo, los Tirios pelearon hasta el último momento, esta vez dependieron de nadadores que se escurrían entre la noche hasta los pilares del dique atándolos a cabos de los que se tiraba desde la ciudad, desestabilizando la construcción. Los macedonios respondieron montando grandes torres de asalto al unir varios barcos que debían de acercarse a la muralla con la intención de asaltarla, sin embargo ahora los Tirios construyeron grandes grúas que soltaban enormes piedras sobre los barcos que se acercaban demasiado o que soltaran frente a la muralla para dificultar la navegación. Esta vez los macedonios ataron cabos a las piedras y las arrastraban con los barcos a cualquier lugar donde no representaran un obstáculo. Luego los Tirios mandaron nadadores que cortaran los cabos pero se detuvieron cuando los cambiaron a cadenas.

Desesperados, los tirios comienzan a usar arena de playa caliente ante la falta de aceite. Este elemento se deslizaba entre coraza y cuerpo, quemando terriblemente. La muralla se reforzó lo más que pudo, sin embargo, no bastaría para detener el avance que había iniciado meses antes.

Tiro cae ante Alejandro Magno

Viendo cada vez más cerca el dique, los Tirios intentan una huída inesperada hacia Cártago, tratando de romper el cerco, pero fallan ya que el ejército macedonio actua para impedírcelos. El buque es finalizado y comienzan los sucesivos asaltos para tomar la ciudad, que al principio son rechazados no sin cierta dificultad. No obstante, Alejandro suspende el ataque por un par de días, quizás para lanzar un ultimatum o quizás para dar descanso a las tropas. Los macedonios atacaron en cuatro puntos, en una escala completa y poderosa, ya que se jugaban el todo por el todo en el asedio que tanto les había costado y que había durado siete meses. La flota fue dividida en tres e intentaron desembarcar en ambos puertos mientras que la parte restante desembarcó en una parte donde la muralla se encontraba dañada, siendo los primeros en conseguir cruzar al interior. Así, pudieron acabar de destruir la muralla, desembarcar entre los escombros y comunicarse con las otras fuerzas macedonias.

Mucha sangre corrió ese día. 8,000 tirios murieron y se perdonaron las vidas de aquellos que se refugiaron en los templos (mujeres y niños en su mayoría), el resto fueron vendidos como esclavos, exceptuando a los ciudadanos cartaginenses, quienes fueron perdonados debido a que no se querían problemas con Cártago, y unos quince mil tirios que, se dice fueron escondidos por los marinos de Sidon, ciudad tradicionalmente aliada de Tiro pero que ahora habían sido forzados a prestar su flota a Alejandro. El dique construido se quedó ahí y posteriormente se convirtió en istmo. Tiro nunca volvería a ser isla, y ciertamente una victoria de tal embergadura le sirvió a Alejandro para que pocas fueran las ciudades que osaran resistírsele.

 


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