
La batalla de Arsuf en la que el rey Ricardo I "Corazón de León" se encontró con las fuerzas musulmanas de Saladíno, brilla con singular importancia al ser una victoria aplastante del ejército cruzado sobre los ejércitos de un rey que tenía la fama de ser invencible. En inferioridad numérica, el ardor cruzado es dirigido por un rey impetuoso, hambriento de victoria pero también gran estratega y con un valor romántico, capaz de batirse en primera fila con sus tropas: Ricardo I "Corazón de León". Ante él, Saladino se encuentra ya en edad avanzada y sus decisiones descansan sobre la prudencia, la paciencia y la seguridad, mismas que en esta ocasión le rendirían funestas consecuencias.
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| Ricardo I Corazón de León encabezó la tercera cruzada, la cual desembocaría en la batalla de Arsuf con la victoria cruzada y un antecedente definitivo para la posterior negociación con Saladín. |
Ricardo I "Corazón de León", miembro de la tercera cruzada, quería reconquistar Jerusalén. Desde Acre, el itinerario menos exigente era la carretera romana que bordeaba la costa mediterránea y pasaba por Haifa y Arsuf. Saladino intentaría detener al ejército cruzado y derrotarlo durante su camino hacia Jaffa, ciudad de vital importancia para Ricardo, ya que desde ahí podría proyectar su ataque hacia Jerusalén. Saladino haría imposible el aprovisionamiento de víveres por tierra, por lo que Ricardo decidió que éste se realizara por mar, aprovechando su itinerario que lo llevaba a bordear la costa. Consciente Ricardo de que Saladino iba a hostigar a sus columnas de manera constante, Ricardo las organizó y las puso a toda prisa en orden de batalla para que pudiesen ser operativas en el momento oportuno.
Por una parte, la estrategia de Saladín consistía en forzar a los cruzados a entablar batalla de manera desordenada. De ahí que durante todo el camino a través de la costa, Saladin envía pequeños grupos de unidades de largo alcance para debilitar a los cruzados durante el camino y/o tratar de forzar principalmente a la retagüardia a separarse de la fuerza principal, pero la disciplina de los cruzados sale victoriosa al no romper la formación y resistir los ataques de los arqueros y las pequeñas escaramuzas.
El ejército de Ricardo, estaba formado por doce divisiones de hombres a pie y otras doce de caballería, repartidas en cinco grandes cuerpos de ejército (se ignora el número de hombres que esto representaba). Fue lento el desplazamiento, pues Ricardo velaba por sus hombres, ya agobiados por el calor. Emplearon nada menos que diecinueve días, incluidos los altos de descanso, para recorrer un centenar de kilómetros. Además, los turcos de Saladino no cesaron de hostigarlos a base de tender, una y otra vez, pequeñas y hábiles escaramuzas con una cuarentena de hombres en cada una. Hasta el 29 de agosto, el turco esperó en vano la ocasión de lanzar el grueso de sus tropas contra la columna enmarca, pero la cohesión en el seno de la misma le hacía renunciar a realizar esa acción. Decidió por fin efectuar un ataque sorpresa y esperó pacientemente al ejército de Ricardo en el bosque de Arsuf; un espeso encinar que se extendía sobre las laderas de la montaña, frente al mar. La población en si ya estaba devastada y sólo representaba una etapa más para Ricardo.
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| Las tropas cruzadas resistieron con férrea disciplina permaneciendo en sus posiciones ante las provocaciones de las fuerzas de Saladino. Los hospitalarios fueron los primeros que, desobedeciendo las órdenes de Ricardo, se lanzaron al ataque al ser los que sufrían los más duras embestidas del ejército de Saladino.. |
El 6 de agosto de 1191, después de descansar en la estrecha franja (en la actualidad, Birket-el-Ramadan) entre el mar y la montaña. Ricardo reanudó la marcha a sabiendas de que Saladino estaba cerca, pues habían detectado a sus exploradores. En cada división había hombres a pie, ballesteros y algunos caballeros. En la vanguardia iban los templarios con sus turcópolos (arqueros montados). A continuación iban los bretones y los angevinos del rey Ricardo; luego, los normandos y los ingleses. Los franceses, a las órdenes del duque de Borgoña, que cabalgaba al lado de Ricardo, estaban presentes junto a los Hospitalarios, que constituían la retaguardia. A Enrique, conde de Champagne, se le confió el flanco izquierdo del ejército para prevenir un ataque turco. Éste se produjo de forma brutal. Sin duda lo más espectacular fueron las unidades acorazadas de caballería, grupos de caballeros con sus resplandecientes armaduras a semejanza de actuales blindados. La vanguardia que surgió de los bosques estaba formada por arqueros sudaneses, beduinos a pie y a caballo, a los que se sumaban los temibles arqueros turcos montados. A continuación iban los mamelucos y todas las tropas de los emires de Egipto y Siria, precedidos por los músicos que soplaban cuernos y trompas o batían el tambor en medio de los aullidos de los asaltantes, formando una barahúnda indescriptible. A pesar de la lluvia de flechas y de los repetidos asaltos, la columna resistió. Los caballeros derribados continuaban la lucha a pie, lanza en ristre. La infantería estableció un muro defensivo. Los Hospitalarios de la retaguardia, atacados a golpes de cimitarras y mazas, se encontraban en una situación precaria. Demasiado castigados no esperaron la orden de Ricardo y se lanzaron desesperados a frenar las acometidas. Por contagio muchos otros les siguieron en el empeño, de modo que de repente cientos de auténticos blindados hicieron retumbar la tierra y levantar una polvareda que impedía ver la costa desde kilómetros, arrasando con las fuerzas de Saladino.
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| Al encuentro con Ricardo I, Saladino ya se encontraba en edad avanzada y prefería optar por tácticas que no implicaran tanto riesgo, mientras que al contrario Ricardo I "Corazón de León" era conocido por su osadia y arrojo en el campo de batalla. |
Todos esperaban la señal de Ricardo, seis toques de trompa, para contraatacar. Cuando la vanguardia llegó a los muros de Arsuf, Ricardo dio la señal (los Hospitalarios, desobedeciendo las órdenes, ya habían contraatacado al son de su famoso grito de guerra: “¡ San Jorge !”).
Los cruzados pasaron de la defensiva a la ofensiva. Ricardo ordenó una segunda carga y luego una tercera. Al norte, los Hospitalarios y los franceses causaban miles de bajas en las filas enemigas. En el centro y el sur, el enemigo emprendió la huida. Fue una victoria absoluta. Los cruzados perdieron unos 700 hombres, y los turcos, miles (Aprox. 7000). Al atardecer del 7 de septiembre, los hombres a pie recorrían el campo de batalla para despojar a los mamelucos de su dinero.
Aunque la tercera cruzada no cumplió con sus objetivos de adueñarse nuevamente de Jerusalén, poco después de la batalla de Arsuf, Saladino y Ricardo pactaron que los fieles cristianos pudieran visitar sus lugares santos sin ser molestados aunque la propia ciudad permaneciera en manos de los cruzados. Así mismo, también se acordó que la franja de terreno entre Tiro y Jaffa quedadara en manos cruzadas al igual que la isla de Chipre.
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