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Historia de la Atlántida



La Atlántida ¿Mito o realidad?

Según se dice, la Atlántida, era una tierra abundante en recursos naturales, con una vegetación exuberante y la existencia de valiosos yacimientos minerales, entre ellos los de plata y de oro. La gente que habitaba la Atlántida, era pueblo gozaba de un alto nivel científico y cultural. En el centro mismo la altlántida, sobre la cima de una pequeña colina, se levantaban un palacio y un templo, en tomo a los cuales se extendía la gran ciudad, que medía 19 kilómetros de largo. Alrededor de la colina, un amplio canal permitía el paso de barcos de vela. Alrededor de la ciudad, otras vías de agua formaban círculos concéntricos; el canal que rodeaba la ciudadela se comunicaba con el mar abierto a través de un sistema de muelles y puertos, que exportaban los valiosos productos del país a todo el mundo conocido entonces. La Atlántida era un país rico y célebre; tanto que, a pesar de que desapareció de la faz de la Tierra muchos siglos antes de la era cristiana, el nombre de la Altántida resulta aún más familiar a los hombres de hoy que muchas de las naciones que le sobrevivieron.

La Atlántida según Platón

La única descripción de la Atlántida que nos ha legado la antigiiedad es obra del filósofo griego Platón, y data de 347 ac. Pero ni siquiera Platón es un testigo de primera mano; el filósofo no hizo más que repetir los relatos escritos por un viajero ateniense, Solón, quien a su vez repetía lo que había oído contar a los sacerdotes egipcios. La historia relatada por Platón indica que la Atlántida era una gran nación, pero que entró en un período de decadencia; su pueblo, entonces, cayó en abominables formas de corrupción y se mereció así un terrible castigo. "En un día y una noche", la isla entera, de 560 kilómetros de anchura, fue destruida por una catástrofe de gran magnitud. La isla fue destrozada por una explosión volcánica a la que siguió un maremoto de tal suerte que en veinticuatro horas desapareció bajo el mar.

Platón, el filósofo griego que escribiría los relatos acerca de la Atlántida, situándola 9000 años ac.

 

Según Platón:

"En el centro de la isla (Atlántida) extendíase una llanura. reputada como la más bella y fértil de todas las llanuras. Y, casi en el centro de esta planicie se levantaba una colina, no demasiado alta. Alrededor de la colina, como ruedas de carro, aparecían dos anillos de tierra, rodeados de tres anillos de mar. En el centro de la colina estaba situado un santuario consagrado a Poseidón y a Cleito; rodeaba al templo un muro de oro. que estaba vedado traspasar. Otro templo, dedicado sólo a Poseidón, estaba hecho enteramente de plata, excepto las estatuas, que eran de oro. Dos fuentes, una cálida y otra fria, proveían a la isla de ilimitadas cantidades de agua; junto a ellas se habían construido cálidas termas, destinadas a los reyes y a los plebeyos, a las mujeres y a los caballos. En los anillos exteriores de tierra se asentaban los astilleros y los puertos, rodeados por un muro denso de edificios, de casas. De esta área, donde vivía una población muy numerosa, surgía un constante estrépito de voces y ruidos, durante el día tanto como durante la noche. Más allá se extendían las llanuras, donde alcanzaban la perfección esas aromáticas sustancias que también hoy produce la tierra y están hechas ya de raíces, ya de hierbas, de árboles, flores o frutos. Todo esto producía en abundancia aquella isla santificada, cuando aún estaba bajo el sol." Tomado de "Critias y Timeo", de Platón.

La Búsqueda de la Atlántida

El reino de la Atlántida. Se decía que la Atlántida tenía como centro en una colina al templo de Poseidón, y en círculos concéntricos una serie de canales que lo rodeaban.

Platón situaba la trágica destrucción de la Atlántida en un período que hoy podemos fechar en 9600 dc. En cuanto a su situación geográfica, indicó que estaba «más allá de las Columnas de Hércules», es decir, lo que ahora conocemos como el estrecho de Gibraltar. Esto permitiría localizar a la Atlántida en algún lugar del océano Atlántico; sin embargo esta teoría, afirman los geólogos, no puede ser correcta, porque en el lecho del Atlántico no existe ninguna masa terrestre susceptible de haber sido alguna vez la Altlántida de Platón. A través de los años, diversas regiones han sido señaladas como el sitio donde se desarrolló alguna vez la Atlántida. Éstas son algunas de ellas:

Atlántico central. A lo largo del fondo marino del Atlántico norte y sur, se extiende un vasto dorsal en forma de "S", desde Islandia hasta la isla de Tristán da Cunha. Algunos sugieren que las partes más altas de esta cadena montañosa, sobre todo las de alrededor del arco de las Azores, estuvieron alguna vez por encima del nivel del mar, formando la tierra de Atlántida. Esta teoría fue una de las más generalizadas hasta que en el siglo XX fue refutada por los científicos; éstos señalan que desde hace miles de años la Dorsal Atlántica ha estado elevándose desde las profundidades; el lento movimiento es hacia arriba, no hacia abajo.

América del Norte. El interés público por el reino perdido de la Atlántida se reavivó tan pronto como Cristóbal Colón regresó a Europa con sus relatos acerca de las tierras del otro lado del océano.

El filósofo inglés Francis Bacon relacionó íntimamente la leyenda y la realidad histórica en su obra La nueva Atlántida. Por su parte, el historiador John Sevain dejó escrito: "Se puede suponer que en un tiempo América formó parte de esa gran región que Platón llamó la isla Atlántida, y que los monarcas de esa isla mantenían relaciones comerciales con los pueblos de Europa y África." Esta teoría parece hoy muy discutible, entre otras cosas porque las etnias de América del Norte nunca alcanzaron un nivel de desarrollo científico y cultural comparable al que, según Platón, tenía la Atlántida, ni al que existía en Grecia en tiempos del filósofo.

Los puentes continentales. La localización de la Atlántida estuvo relacionada con las conocidas las teorías acerca de puentes continentales que, en tiempos remotos, pueden haber vinculado África con América del Sur, o Europa -a través de las Islas Británicas. Islandia y Groenlandia- con América del Norte. Pero esta nueva localización de la Atlantida, no es posible debido a que, los geólogos saben hoy que tales puentes no existieron, por lo menos dentro de los últimos 50 millones de años.

El mar de los Sargazos. Esta teoría de la localización de la atlántida nos dice que la palabra portuguesa sargaso designa a una alga flotante; esas algas constituyen, precisamente, el mar de los Sargazos. Se trata de una masa de algas que abarca casi 4 millones de kilómetros cuadrados, que deriva por impulso de las corrientes a la altura de la costa de Florida. Durante mucho tiempo, los marineros creyeron que las algas cubrían bajíos; éstos podrían haber sido alguna vez la Atlántida de Platón. Sin embargo, no hay bajíos debajo de los sargazos: el mar tiene allí 456 metros de profundidad media.

La destrucción de la Atlántida ocurrió debido a la corrupción y decadencia del pueblo Atlante, enfureciendo a los dioses, quienes la sumergieron en las aguas en un solo día.

Bimini. Un fotógrafo americano llamado Edgar Cayce, en la etapa que va desde 1923 hasta su muerte, en 1945, alcanzó la celebridad como curandero y visionario tuvo una visión sobre la Atlántida. A pesar de que nunca había leído las obras de Platón acerca de la Atlántida, afirmaba que, viajando hacia atrás en el tiempo, había visitado mentalmente la Atlántida. Su descripción coincidía en muchos puntos con la que el filósofo griego dejara escrita 2300 años antes. Cayce agregó que la Atlántida fue destruida por una explosión atómica, ya que sus habitantes dominaban la ciencia de la fisión nuclear. El hecho, dijo el visionario. ocurrió alrededor de 10000 años antes del nacimiento de Cristo: una fecha bastante aproximada a la que estableciera Platón. El vidente americano situó geográficamente la Atlántida en la isla de Bimini septentrional, pequeña integrante de las Bahamas, y pronosticó que en 1968 o 1969 "podrían descubrirse algunos aspectos de los antiguos templos" de la civilización perdida de la Atlántida. Parecía una afirmación ridícula. Sin embargo, en 1968, un veterano zoólogo y experto buzo americano, el doctor J. Manson Valentine, descubrió bajo el mar, a la altura de la costa de Bimini septentrional, una extraña estructura pétrea que se convertiría en un misterio de la atlántida. Al principio, Valentine sólo consiguió vislum­ brarla desde el aire; mas, cuando se sumergió para investigar, encontró que esa estructura constituía al parecer un enorme puerto, malecones cerrados y muelles, siendo esto relacionado por algunos con la Atlántida. El muro principal, de alrededor de 600 kilómetros de longitud, estaba construido con inmensos bloques de piedra, de más de cinco metros cuadrados cada uno.

Las expediciones posteriores apoyaron y refutaron, alternativamente, las conclusiones del doctor Valentine con respecto a la Atlántida. Estas conclusiones, en lo fundamental, decían que la estructura pétrea era un puerto construido por el hombre. En 1970, el doctor John Hall, profesor de arqueología de la Universidad de Miami, dirigió una expedición que investigó el lugar; Hall señaló luego: "Estas piedras constituyen un fenómeno natural, llamado erosión costera del Pleistoceno. No hemos encontrado ninguna evidencia, de ninguna clase, que permita pensar que ese muro es fruto de trabajo humano. Por lo tanto, lo siento por aquellos que crean en la vieja leyenda. Una nueva Atlántida ha sido desechada."

Sin embargo, las dos últimas expediciones americanas a Bimini con objeto de estudiar los supuestos restos de la atlántida, realizadas en 1975 y 1977, regresaron con hallazgos que inducen a conclusiones muy diferentes. El jefe de la expedición, el doctor David link, de California, sacó a la superficie un bloque pétreo cuyos bordes habían sido trabajados con punzones, formando estrías. Su conclusión fue ésta: "Pensándolo bien, creemos que la estructura de Bimini es de origen arqueológico y no geológico. Pero el propósito con que fueron hechas esas obras no pasa, por ahora, de ser un tema de especulación." Sin embargo los geólogos dicen que estas supuestas evidencias no son mas que formaciones naturales llamadas "roca de playa".

A pesar de todo, el lugar más probable donde tal vez haya existido alguna vez la Atlántida, entre los numerosos sitios que se han propuesto, no está en el Caribe. Ni siquiera está en el Atlántico. En la actualidad, muchos arqueólogos creen que Platón cometió dos errores fundamentales, en su descripción de la isla perdida. En primer lugar, es casi seguro que la Atlántida, si realmente existió alguna vez, no estuvo "más allá de las Columnas de Hércules", sino en el mismo Mediterráneo. En segundo término, cuando Platón afirma que el holocausto de la Atlántida se produjo 9000 años antes de Cristo, tal vez debió haber escrito 900. De esta manera, la fecha de la desaparición de la Atlántida quedaría situada aproximadamente 1500 años antes de Cristo, en lugar de los 9600 mencionados por Platón. Y, más o menos en 1500 antes de la era cristiana, el Mediterráneo fue escenario de uno de los más espantosos cataclismos de la antigüedad.

La Atlántida y su ruina

Los arqueólogos saben hoy que la civilización de la Atlántida, tal como la describe Platón, es muy similar a la desarrolladísima cultura minoica, que floreció durante la Edad de Bronce, hasta el siglo XV ac, en las islas del mar Egeo. La cultura minoica desapareció bruscamente alrededor de 1470 ac, y hasta ahora nadie ha podido explicar por qué. Sin embargo, hoy sabemos que alrededor de esa fecha el centro de la isla de Minas de Kalliste (que se conoce actualmente como Santorín y está a mitad de camino entre Creta y Grecia continental) estalló por obra de una erupción volcánica de incalculable poder destructivo. El cráter abierto en medio de la isla fue cubierto de inmediato por el mar. Los hallazgos realizados hasta ahora en las excavaciones permiten a los científicos precisar un cuadro estremecedor de los sucesos que se produjeron en la isla hace casi 3500 años.

El cráter lanzó al aire roca fundida y vomitó ceniza y piedra pómez sobre las embarcaciones hacinadas de la posible Atlántida; la gente de los barcos, imposibilitada de escapar, sufrió una muerte lenta, horrible, mientras el torrente de lava ardiente crecía y hacía irrespirable la atmósfera. Para algunos habitantes de Minos o la Atlántida, la agonía terminó con la llegada de una ola gigantesca, tal vez de 60 metros de altura, que barrió la isla y destrozó las embarcaciones. La enorme ola, que viajaba a más de 240 kilómetros por hora, alcanzó pronto Creta, corazón del imperio minoico; el agua arrasó todas las ciudades y aldeas a lo largo de la costa septentrional y destruyó el puerto que abastecía a la capital, Knossos. La ola gigantesca prosiguió su marcha hacia la costa norte de África; allí sus efectos pueden haber dado origen al relato del Viejo Testamento acerca de la separación del mar Rojo, que permitió el éxodo de Moisés. También se ha propuesto una teoría según la cual la lluvia de cenizas provocada por el volcán habría sido responsable de las plagas que azotaron Egipto y en las cuales se basó el relato bíblico. La lluvia de cenizas abarcó un área de más de 16,000 kilómetros cuadrados.

Hoy, cuando figura en los mapas con el nombre de Santorín, la isla aparece dividida en fragmentos y desolada bajo una estéril capa de cenizas; en realidad, se ha convertido en un grupo de pequeñas islas: las dos principales, Thesa y Therasia, se caracterizan por sus inaccesibles acantilados, de 300 metros de altura; están divididas por una vía de agua de doce kilómetros de ancho, que en algunos tramos tiene 300 metros de profundidad. El agua del mar ha cubierto la caldera, el corazón muerto del volcán, formada cuando la roca fundida se enfrió y se desplomó.

En el centro del gran cráter cubierto ahora por el mar (en el punto donde alguna vez pudo haberse levantado el palacio y el templo principal de la Atlántida) existen dos islotes, que surgieron de las profundidades muchos años después de la catástrofe. Están constituidos por rocas de lava negra, y a veces de ellos se elevan perezosas columnas de humo: pálido pero amenazador recuerdo del cataclismo que tal vez destruyó el legendario reino de Atlántida.


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